Artículo de revisión
Vol. 27 | Núm. 2
77 min
Ana Noelia Vergés-Castro1*, Edisson Féliz-Pérez2
, Eunices Tavarez3
, Carmen Rodríguez-Díaz4
, Edgar Cadena-Barranco5
, Tiffany Lantigua6, Rosy Carvajal-Díaz7
, Berenice Rojas8
, Solangel Ureña9, Indhira Del-Orbe10
, Olga Camilo11, Clara Inés Saldarriaga-G.12
1Hospital Docente Universitario Maternidad Nuestra Señora de la Altagracia, Santo Domingo, República Dominicana
2Centro de Diagnóstico Medicina Avanzada y Telemedicina, Departamento de Cardiología, Santo Domingo, República Dominicana
3Hospital General Plaza de la Salud, Departamento de Cardiología, Santo Domingo, República Dominicana
4Hospital General Marcelino Vélez Santana, Departamento de Cardiología, Santo Domingo, República Dominicana
5Instituto Dominicano de Cardiología, Departamento de Falla Cardíaca, Santo Domingo, República Dominicana
6Centro Médico Doctor Bournigal, Departamento de Cardiología, Puerto Plata, República Dominicana
7Centro Médico Moderno, Santo Domingo, República Dominicana
8Hospital Metropolitano de Santiago, Santiago de los Caballeros, República Dominicana
9Clínica Unión Médica, Santiago de los Caballeros, República Dominicana
10Instituto Dominicano de Cardiología, Santo Domingo, República Dominicana
11Centro Médico Siglo XXI, Santo Domingo, República Dominicana
12Clínica Cardio VID, Medellín, Colombia
Métricas
1118
Visualizaciones
171
Descargas
Compartir
Compartir
Resumen (ES)
Introducción: La insuficiencia cardiaca (IC) es una enfermedad que ha ido en aumento exponencial y representa un gasto enorme para los sistemas de salud a nivel mundial y una disminución en la calidad de vida y en los años de vida de los pacientes. En vista de esta tangible realidad, el Consejo de Falla Cardiaca de la Sociedad Dominicana de Cardiología ha elaborado este documento con el fin de adaptar y contextualizar las guías internacionales para el diagnóstico y manejo de la IC en la República Dominicana.
Metodología: Se realizó una revisión exhaustiva de la literatura científica y guías internacionales publicadas en los últimos cinco años (2019-2024). Las recomendaciones fueron seleccionadas y validadas por expertos nacionales e internacionales, considerando las particularidades del sistema de salud dominicano y los recursos disponibles en este.
Resultados: En este documento se resumen de forma clara los criterios para el diagnóstico, el diagnóstico diferencial y la clasificación, así como el abordaje terapéutico de IC con fracción de eyección reducida, levemente reducida, preservada y recuperada. Se detallan estrategias terapéuticas farmacológicas (beta bloqueadores, ARNI, iSGLT2, anti-aldosterónicos) y no farmacológicas, y el uso de dispositivos (DAI, TRC), biomarcadores y el enfoque en comorbilidades. Además, se promueve la creación e implementación de clínicas especializadas en IC y la creación de registros nacionales.
Conclusiones: Este documento de posicionamiento busca estandarizar la atención de los pacientes con IC en el país, promover decisiones clínicas basadas en la evidencia y mejorar los desenlaces clínicos mediante un enfoque multidisciplinario, integral y adaptado al contexto local.
Palabras clave (ES):
Resumen (EN)
Introduction: Heart failure (HF) is a disease that has been on the rise, with an exponential increase that represents an enormous expense for health systems worldwide and a decrease in the quality of life and life expectancy of patients. In light of this tangible reality, the Heart Failure Council of the Dominican Society of Cardiology has prepared this document to adapt and contextualize international guidelines for the diagnosis and management of HF in the Dominican Republic.
Methodology: A comprehensive review of the scientific literature and international guidelines published in the last 5 years (2019-2024) was conducted. The recommendations were selected and validated by national and international experts, considering the particularities of the Dominican health system and the resources available within it.
Results: This document clearly summarizes the criteria for diagnosis, differential diagnosis, and classification; This document also addresses the therapeutic approach to heart failure (HF) with reduced, slightly reduced, preserved, and restored ejection fraction. Pharmacological (beta-blockers, ARNI, SGLT2 inhibitors, aldosterone antagonists) and non-pharmacological therapeutic strategies are detailed, as well as the use of devices (ICDs, CRTs), biomarkers, and a focus on comorbidities. Furthermore, it promotes the creation and implementation of specialized HF clinics and the establishment of national registries.
Conclusions: This position paper aims to standardize the care of HF patients in the country, promote evidence-based clinical decisions, and improve clinical outcomes through a multidisciplinary, comprehensive approach adapted to the local context.
Palabras clave (EN):
Presentación
El objetivo de este documento de posicionamiento es sentar las bases para un abordaje diagnóstico y terapéutico de la insuficiencia cardiaca (IC) en la población dominicana de acuerdo con los estándares y recomendaciones internacionales. Asimismo, permitirá mejorar la calidad de la atención a los pacientes, crear registros de insuficiencia cardiaca y de clínicas de insuficiencia cardiaca y hacer conciencia de la necesidad de políticas públicas de salud en favor de los pacientes con esta patología, la cual les genera importantes gastos e impacta negativamente en su calidad de vida.
Al tratarse de un documento de posicionamiento de los expertos dominicanos en IC, incluye la información más relevante de las guías actuales que se manejan a nivel internacional y pueden ser aplicadas en nuestro contexto.
Introducción
La insuficiencia cardiaca es una afección del corazón en la que este es incapaz de bombear la sangre de forma adecuada para suplir las necesidades de nuestro organismo. Esta patología ha tenido un aumento creciente. Actualmente, afecta a más de 64 millones de personas en todo el mundo y es la primera causa de hospitalización en pacientes mayores de 65 años.
El incremento de los factores de riesgo cardiovasculares junto con el envejecimiento de la población ha llevado a un aumento de la IC, por lo cual es fundamental su prevención y realizar un diagnóstico oportuno, así como educar al paciente para hacer más llevadera esta enfermedad. Puede presentarse a cualquier edad y variar su etiología. La cardiopatía isquémica es una de las causas principales de la enfermedad. El promedio de vida de estos pacientes es de 5 años en el 50 % de los casos, aunque puede ser mayor si se instaura la terapia adecuada. En los últimos años se ha innovado en la terapéutica y se han realizado varios estudios.
En la últimas guías europeas y americanas publicadas aparecen las recomendaciones terapéuticas para esta patología basadas en cuatro fármacos, lo que se conoce como terapia fundacional: ISGTL2 (inhibidores del cotransportador sodio-glucosa), ARNI (sacubitril/valsartán), betabloqueadores, iMRA (inhibidores del receptor mineralocorticoides), y se ha adicionado la rehabilitación cardiaca.
La Sociedad Dominicana de Cardiología, junto con el Consejo de Falla Cardiaca, ha creado este documento de posicionamiento para mejorar el diagnóstico y manejo de los pacientes con falla cardiaca y reducir el riesgo de muerte y hospitalizaciones.
Metodología
Para elaborar este documento de posicionamiento se revisaron las guías internacionales de manejo de IC en los últimos cinco años. Los documentos que se incluyeron abarcan desde enero de 2019 hasta diciembre de 2024. Luego de resumir la evidencia y recabar las recomendaciones principales, se validaron aquellas aplicables a países con recursos limitados, como es el caso de República Dominicana. Asimismo, el manuscrito fue sometido a revisión por pares en el Consejo de Falla Cardiaca de la Sociedad Dominicana de Cardiología y a la revisión de un experto latinoamericano en falla cardiaca.
Definición y epidemiología
La insuficiencia cardiaca se ha convertido en un problema de salud global al afectar a 64.3 millones de personas en el mundo en 2017. Se proyecta que la prevalencia de esta condición aumentará debido a las mejoras en las tasas de supervivencia, como resultado de los avances en los tratamientos basados en la evidencia y el incremento general en la esperanza de vida [1].
La prevalencia de IC es de aproximadamente 1-2 % de la población adulta. Esta aumenta con la edad: desde alrededor de un 1% para individuos menores de 55 años hasta más del 10 % para aquellos de 70 años o más. Debido a factores como el crecimiento de la población, el envejecimiento y el aumento de la prevalencia de comorbilidades se proyecta que el número absoluto de ingresos hospitalarios por IC aumentará significativamente en el futuro, posiblemente en un 50 % en los próximos 25 años [2]. Pocos estudios han evaluado la incidencia y prevalencia de la IC en América Latina. En esta región la incidencia reportada de IC es de 199 casos por cada 100,000 personas-año con una prevalencia del 1 % [3].
La prevalencia, incidencia y pronóstico de la insuficiencia cardiaca (IC) no han sido determinados con precisión, especialmente en América Latina y el Caribe (ALC). Debido a la escasez y limitada accesibilidad de datos sobre la epidemiología de la IC en ALC; Ciapponi y colaboradores realizaron una revisión sistemática de la literatura y un metaanálisis para evaluar la carga de IC en la región. La mayoría de la investigación (92 %) se realizó en América del Sur, principalmente en Brasil (64 %) y Argentina (22 %). La mayoría de estos estudios se publicaron entre 2005 y 2013. El número mediano de pacientes incluidos fue de 257, con una edad media de 60.34 años. En promedio, el 61.07% ±11.48 % de los participantes eran hombres. La fracción de eyección (FE) media fue de 35.93% ± 8.58 %. La mayoría de los estudios incluyeron pacientes con etiologías múltiples (79 %), y fue la enfermedad de Chagas la etiología única más frecuentemente estudiada (13 %). Las comorbilidades reportadas incluyeron diabetes mellitus (32 %), hipertensión (62 %), fibrilación auricular (22 %), enfermedad renal (25 %) y anemia (40 %) [4].
El Registro Colombiano de Falla Cardiaca (RECOLFACA) inscribió a 2,045 pacientes con IC (42.8 % mujeres) con una edad media de 67.71 ± 13.64 años. Las etiologías más comunes fueron la enfermedad isquémica (44.4 %) y la enfermedad cardiaca hipertensiva (38.5 %). En la línea base, el 53.4 % de los pacientes estaba clasificado con clase II de la NYHA y el 73.6 % tenía una fracción de eyección del ventrículo izquierdo (FEVI) reducida. Un año antes de ingresar al registro, los pacientes fueron hospitalizados en promedio 1.4 ± 1.1 veces debido a IC. La prescripción de tratamientos basados en evidencia en la línea base incluyó sacubitrilo/valsartán (10 %), IECA (33 %), ARB (41 %), bloqueadores beta (79 %), diuréticos (68 %) e inhibidores de la aldosterona (56 %). La tasa de mortalidad fue de 6.7 % [5,6].
Un estudio de cohorte retrospectivo que utilizó la base de datos de la unidad de cuidados coronarios del Instituto Nacional de Cardiología en la Ciudad de México analizó datos de 7,759 pacientes ingresados entre el 1 de enero de 2006 y el 31 de diciembre de 2018 con un diagnóstico de insuficiencia cardiaca descompensada aguda. Su edad mediana fue de 62 años y el 35 % eran mujeres. La insuficiencia cardiaca de novo se observó en el 39.4 % de los pacientes. La forma más común fue la insuficiencia cardiaca asociada a síndromes coronarios agudos (ACS-HF del inglés Acute Coronary Syndrome-Heart Failure) (43.0 %), la insuficiencia cardiaca descompensada (ICD) (33.7 %) y la insuficiencia cardiaca hipertensiva (ICH) (11.8 %). La enfermedad arterial coronaria fue la etiología más frecuente (56.5 %), seguida de la enfermedad valvular (22.4 %) y las miocardiopatías (12.3 %). La mortalidad general en el hospital fue de 17.9 % [7].
Recientemente, el Registro Americano de Insuficiencia Cardiaca Ambulatoria o Descompensada Aguda (AMERIC-CAASS) inscribió a 1,000 pacientes reclutados por 43 instituciones de 15 países del continente americano. El 63.5 % de los pacientes eran hombres con una edad mediana de 66 años (rango intercuartil [RIC] 56.7-75.4). De estos, el 57.9 % eran ambulatorios, el 42.1 % estaban hospitalizados, el 66.8 % tenían antecedentes de IC y el 77.7 % habían sido previamente hospitalizado. Las principales comorbilidades fueron hipertensión arterial (65.3 %), dislipidemia (39.7 %), enfermedad coronaria (33.7 %), fibrilación auricular (28.3 %) y diabetes mellitus (28 %). Las principales etiologías de IC fueron: isquémica (37.1 %), idiopática (14.5 %) e hipertensiva (14.4 %). Respecto a las características de la IC en pacientes hospitalizados y ambulatorios, la fracción de eyección ventricular izquierda reducida (FEVIr) fue el hallazgo más frecuente (49.3 % y 59.5 %, respectivamente) [8].
Según datos aportados por un estudio unicéntrico en el Centro de Diagnósticos y Medicina Avanzada y Telemedicina (CEDIMAT), Feliz y colaboradores describieron una serie de 1,001 hospitalizaciones por insuficiencia cardiaca, en la cual los pacientes fueron dicotomizados en dos grupos (FEVI <40 % y FEVI > 40 %) y analizados de acuerdo con el sexo. Las características de estos pacientes se muestran en la imagen siguiente [9]:
La IC es un síndrome clínico complejo con síntomas y signos que resultan de cualquier deterioro estructural o funcional del llenado ventricular o la eyección de sangre [10]. A continuación, se presentan los tipos de IC según la FEVI.
Signos y síntomas
El diagnóstico de la IC requiere la presencia de síntomas y signos de IC y evidencia objetiva de disfunción cardiaca. Entre los síntomas típicos están la disnea, la fatiga y la inflamación de tobillos. Los síntomas y signos por sí solos son insuficientes para establecer el diagnóstico de IC.
El diagnóstico de ICC es más probable en pacientes con antecedentes de infarto de miocardio, hipertensión arterial, enfermedad coronaria, diabetes mellitus, consumo excesivo de alcohol, enfermedad renal crónica (ERC) o quimioterapia cardiotóxica, así como pacientes con historia familiar de miocardiopatía o muerte súbita [2].




Las siguientes pruebas diagnósticas están recomendadas para la evaluación de pacientes con sospecha de IC [11]:
- Electrocardiograma (ECG): Un ECG normal hace poco probable el diagnóstico de IC. El ECG puede revelar anomalías como FA, ondas Q, hipertrofia del VI y complejo QRS prolongado, que aumentan la probabilidad del diagnóstico de IC y pueden guiar el tratamiento.
- Está recomendada la determinación de biomarcadores, como los péptidos natriuréticos (PN), siempre que sea posible. Existen otros biomarcadores de utilidad que se requieren para la correcta evaluación del paciente con IC. Por ser nuestro país de ingresos bajos a medianos, se recomienda que se agrupen en un panel. De acuerdo con la revisión de la literatura serían, además del NT pro BNP o el BNP, el ST2 soluble, las troponinas ultrasensibles y el CA-125. Los biomarcadores son utilizados para el diagnóstico, el seguimiento y el pronóstico de los pacientes con IC. Los límites superiores de lo normal en el entorno no agudo son 35 pg/mL para BNP y 125 pg/mL para NT-proBNP. Sin embargo, cabe señalar que hay muchas causas de una elevación de PN, tanto cardiovasculares como no cardiovasculares, que podrían reducir su precisión diagnóstica. Estas causas incluyen fibrilación auricular, aumento de la edad y enfermedad renal aguda o crónica. Por el contrario, las concentraciones de PN pueden ser desproporcionadamente bajas en pacientes obesos.
- Se recomienda hacer pruebas básicas, como la determinación de urea y electrolitos, creatinina, recuento sanguíneo completo y pruebas de la función hepática y tiroidea, para diferenciar la IC de otras entidades, obtener información pronóstica y guiar el posible tratamiento.
- Se recomienda la ecocardiografía como prueba clave para la evaluación de la función cardiaca. Además de determinar la FEVI, la ecocardiografía ofrece información sobre otros parámetros, como dimensión de las cámaras, hipertrofia ventricular izquierda (HVI) excéntrica o concéntrica, anomalías en la movilidad regional de la pared (que podrían indicar EC subyacente, síndrome de takotsubo o miocarditis), función del VD, hipertensión pulmonar, función valvular y marcadores de la función diastólica.
- La radiografía de tórax está recomendada para investigar otras posibles causas de la disnea (p. ej., enfermedad pulmonar). También puede proporcionar evidencia en la cual apoyar el diagnóstico de IC (p. ej. congestión pulmonar o cardiomegalia).
Abordaje diagnóstico [12]
Veáse Figura 5.

Diagnóstico diferencial
Dado que los signos y síntomas más frecuentes en la IC son disnea y edema, existe un amplio abanico de entidades que pueden confundirse. Aquí citamos las más comunes [13]: veáse Figura 6.

Clasificación
La IC se puede clasificar en cuatro etapas [14] de acuerdo con los síntomas, la presencia de daño estructural y/o factores de riesgo, como se muestra en el siguiente gráfico (Figura 7).

Manejo de la insuficiencia cardiaca con FEVI reducida y levemente reducida. Tratamiento farmacológico, no farmacológico y dispositivos
El tratamiento de los pacientes con insuficiencia cardiaca con fracción de eyección del ventrículo izquierdo reducida (FEVIr) ha sido más notorio en los últimos siete años, en los cuales se han presentado actualizaciones y consensos de expertos que han dejado atrás el manejo escalonado que existía como opción en las guías anteriores. Las recomendaciones actuales se enfocan en cuatro pilares básicos (beta-bloqueante, antagonista mineralcorticoide, iSGLT2, sacubitrilo/valsartán) con un inicio temprano para alcanzar la dosis máxima de los fármacos en el menor tiempo posible según lo permita la tolerancia. Si existe alguna limitante se resalta el beneficio del bloqueo de las vías que desencadenan la falla cardiaca junto con el uso combinado de drogas [12,15]. Los diuréticos de asa mantienen su recomendación para el tratamiento de la retención de fluidos.
La guía de la SEC muestra los fármacos prioritarios para pacientes con insuficiencia cardiaca y fracción de eyección ligeramente reducida. (Figura 8).

En hospitalización, el inicio de la terapia basada en los cuatro medicamentos fundacionales debe hacerse de forma simultánea teniendo como prioridad alcanzar la dosis más alta tolerada por los pacientes [15]. Se recomienda una estrategia intensiva con inicio y aumento rápido del tratamiento basado en la evidencia (Strong Heart Failure) [17] antes del alta y durante las consultas frecuentes de seguimiento durante las seis primeras semanas después de una hospitalización por insuficiencia cardiaca. De esa forma, se puede reducir el riesgo de reingreso por insuficiencia cardiaca o la muerte.

Uso de diuréticos de asa
Los diuréticos de asa, como furosemida, torsemida o bumetanida, se administran por vía oral en el tratamiento de la insuficiencia cardiaca crónica.18 La vía endovenosa es muy eficaz y está recomendada en momentos de descompensación, pero debe evitarse su uso a largo plazo. Estos fármacos son capaces de inducir diuresis y natriuresis con mayor eficacia que los tiazídicos [19]. Se utilizan para lograr y mantener un volumen sanguíneo adecuado y pueden disminuir los signos y síntomas de congestión vascular.
¿Cómo iniciar y dosificar el tratamiento con diuréticos? [12,15,16]
1. Hacer revisión de la función renal y medir los electrolitos séricos. El tratamiento diurético debe comenzar con una dosis inicial intravenosa de furosemida o una dosis equivalente de bumetanida o torasemida, correspondiente a 1-2 veces la dosis oral diaria tomada por el paciente antes de la admisión. Si el paciente no estaba tomando diuréticos orales, se puede usar una dosis inicial de 20-40 mg de furosemida o un bolo de 10-20 mg intravenoso de torasemida. La furosemida se puede administrar en 2-3 bolos diarios o como una infusión continua. La respuesta diurética debe evaluarse poco después del inicio de la terapia diurética y puede evaluarse realizando una medición puntual del contenido de sodio en la orina después de 2 o 6 horas y/o midiendo la producción de orina por hora.
Una respuesta diurética satisfactoria se puede definir como un contenido de sodio en la orina >50-70 mEq/L a las 2 horas y/o una producción de orina >100-150 mL/h durante las primeras 6 horas. Si hay una respuesta diurética insuficiente, se puede duplicar la dosis intravenosa del diurético de asa, con una evaluación adicional de la respuesta diurética [83].
2. Una vez restaurado el peso seco del paciente, se debe ajustar a la mínima dosis y puede llegar a suspenderse si permanece en una clase funcional I y II. De esa forma, se evita el riesgo de desarrollar disfunción renal, desequilibrio electrolítico o deshidratación [20].
3. Se animará al paciente ambulatorio con IC a controlarse su dosis de diuréticos basándose en el peso diario y en otros signos clínicos de retención de líquidos. Es preciso educar al paciente adecuadamente para que reconozca los síntomas y/o signos de edema o congestión pulmonar [19].
Uso de inhibidores del receptor de la angiotensina y neprilisina (ARNI)
El fármaco prototipo es la combinación galénica de sacubitrilo/valsartán que reduce el exceso de estimulación hormonal y la vasoconstricción mediante la degradación de péptidos vasoactivos, la retención de sodio y agua y la disminución de la hipertrofia miocárdica [21].Se recomienda su uso en caso de reemplazo de un IECA en enfermos con IC con FEVI reducida [21,22,23], sintomáticos y que hayan tolerado el uso previo de un IECA o ARA II.
¿Cómo iniciar y dosificar el tratamiento con ARNI?
Uso de inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA)
Estos fármacos reducen los mecanismos de hipertrofia y fibrosis miocárdica.49 Se recomienda su uso en caso de disfunción sistólica del ventrículo izquierdo asintomática con o sin historia de infarto del miocardio para prevenir o retrasar la aparición de la IC y prolongar la vida, así como en pacientes sintomáticos con IC con FEVI reducida siempre que no haya contraindicaciones o intolerancia al tratamiento. Los fármacos utilizados son: enalapril, captopril, ramipril, perindopril y lisinopril [15,25-28].
¿Cómo iniciar y dosificar el tratamiento con IECAS?
Uso de fármacos antagonistas de los receptores de la angiotensina II
Bloquean el exceso de activación del sistema renina-angiotensina-aldosterona al ligarse al receptor ATI y bloquear los efectos biológicos de la angiotensina II. Se recomienda su uso para aquellos pacientes con IC crónica que presenten intolerancia a los IECA.29 Dentro de estos fármacos se encuentran el losartán, valsartán y candesartán [15].
¿Cómo iniciar y dosificar el tratamiento con ARA II?
Uso de los betabloqueadores
Fármacos que frenan la hiperactividad crónica del sistema nervioso mediante la reducción de la frecuencia cardiaca y una optimización de la relajación ventricular [30] disminuyendo la morbimortalidad en pacientes con IC de FEVI reducida. Dentro de los agentes recomendados se encuentran el carvedilol, bisoprolol, metoprolol y nebivolol, y se recomiendan para la disfunción sistólica del ventrículo izquierdo asintomática con historia de infarto del miocardio [15,31] y en todas las causas de miocardiopatía dilatada asociada o no a síntomas.
¿Cómo iniciar y dosificar el tratamiento con betabloqueadores?
Uso de los antagonistas de la aldosterona (AA)
Reducen la hipertrofia y la fibrosis del corazón tras el bloqueo de los receptores para la aldosterona [12,15]. Disminuyen la mortalidad y las hospitalizaciones por IC, mejorando la calidad de vida y los parámetros de disfunción diastólica. Esto fue demostrado en el estudio RALES [32,33], especialmente con el uso de espironolactona, y en el estudio EPHESUS con eplerenona [34]. Se recomienda su uso en IC con FEVIr sintomática a pesar del tratamiento con un IECA más un bloqueador beta adrenérgico. Además de los casos con IC sintomática posterior a infarto al miocardio con FEVI <40 % [15].
¿Cómo iniciar y dosificar el tratamiento con antagonistas de la aldosterona?
Uso del antagonista selectivo no esteroideo del receptor de mineralocorticoides (RM)
La finerenona es un fármaco reciente que actúa como antagonista selectivo no esteroideo del receptor de mineralocorticoides (RM) activado por la aldosterona y el cortisol que regula la transcripción génica. Su unión al RM da lugar a un complejo receptor-ligando específico que bloquea el reclutamiento de coactivadores transcripcionales implicados en la expresión de mediadores proinflamatorios y profibróticos. En el estudio FIDELIO [35], así como también en el FINEARTS-HF [36], ha demostrado tener beneficios en el tratamiento de la descompensación de la falla cardiaca con una reducción de 21 % del riesgo de hospitalizaciones por insuficiencia cardiaca y FEVI reducida en los pacientes con DM y ERC.
¿Cómo iniciar y dosificar el tratamiento con finerenona?
Uso de los inhibidores del cotransportador de sodio-glucosa de tipo 2 (iSGLT2)
Estos fármacos se han posicionado con una recomendación privilegiada en el tratamiento de los pacientes con insuficiencia cardiaca sintomática en todo el espectro de la fracción de eyección [37,39,40], es decir, que están indicados para reducir el riesgo de hospitalización por insuficiencia cardiaca, reducción de eventos cardiovasculares y muerte cardiovascular (clase I, nivel A) [38]. Esto se basa en la reducción del criterio principal de valoración en los resultados de los estudios EMPEROR-Preserved [39], DELIVER [40] y un metanálisis [41], indicación que beneficia a pacientes con y sin diabetes mellitus. Su más reciente indicación es la prevención del deterioro renal, como resultado del estudio DAPA-CKD [42].
El mecanismo de acción farmacológica en la ICC no está bien esclarecido. Las teorías más aceptadas postulan que ejerce acciones hemodinámicas diuréticas (reducción de la precarga y poscarga), mejora en el metabolismo energético cardiaco y reducción directa de la masa miocárdica [43].Se recomienda en pacientes con falla cardiaca, fracción de eyección <40 % con o sin diabetes mellitus. Pudiera elegirse uno de los fármacos recomendados: dapagliflozina, empagliflozina o sotagliflozina.
¿Cómo iniciar y dosificar el tratamiento con un iSGLT2?
Uso de los inhibidores de los canales IF
La ivabradina es el representante de este tipo de fármacos que produce bradicardia al actuar directamente en el nodo sinusal, aumentando el tiempo de diástole, disminuyendo el consumo miocárdico de oxígeno y mejorando la eficiencia ventricular al retrasar la disfunción endotelial [44]. Se recomienda en enfermos sintomáticos, con ritmo sinusal y una frecuencia cardiaca >70 latidos por minuto, después de dosis máximas toleradas de un IECA, un bloqueador beta adrenérgico y antagonistas de la aldosterona (AA) [15].
¿Cómo iniciar y dosificar el tratamiento con ivabradina?
Se sugiere iniciar con una dosis baja de 5 mg dos veces al día y aumentar a 7.5 mg en una o dos semanas si no se ha logrado el objetivo de la frecuencia cardiaca <70 LPM.
Uso de los estimuladores de la guanilato ciclasa soluble
El prototipo de esta clase de fármacos es el vericiguat, un fármaco capaz de producir relajación del endotelio por sus propiedades vasodilatadoras y precursoras del óxido nítrico. Redujo significativamente el riesgo de la variable primaria combinada de muerte cardiovascular o primera hospitalización por IC, con un excelente perfil de seguridad, resultados del estudio VICTORIA [45].
¿Cómo iniciar y dosificar el tratamiento con vericiguat?
Uso de los vasodilatadores
Tratamiento que reduce de la vasoconstricción periférica desproporcionada, actuando sobre el componente vascular al producir dilatación venosa (reducción de la precarga) y/o arterial (reducción de la poscarga) provocando un aumentando del gasto cardiaco. Por lo tanto, se usan para aliviar los síntomas de congestión [12,15,46].
Los vasodilatadores endovenosos más usados son nitroglicerina, nitroprusiato y nesiritida en el contexto agudo de la insuficiencia cardiaca con FEVI reducida o medianamente reducida [46-50].
Mientras que la hidralazina con dinitrato de isosorbide es útil y se recomienda añadir al tratamiento óptimo en pacientes de población afroamericana que presenten IC avanzada con FEVI reducida o en sujetos que no toleren IECA, ARA II o ARNI [51].
Uso de digitálicos
La digoxina es el principal fármaco de este grupo. Mejora la sintomatología y las hospitalizaciones (en 28 % según estudio DIG) de pacientes con IC con FEVI reducida y medianamente reducida, aunque no tiene impacto en la mortalidad total, ya que tiene la capacidad de disminuir la frecuencia cardiaca y el flujo sanguíneo, provocando con esto un descenso de las resistencias vasculares y vasodilatación, mejorando así la calidad de vida del paciente [15,52].
¿Cómo iniciar el uso de digoxina?
Uso de miotrópico
El omecamtiv mecarbil representa una nueva clase terapéutica que mejora la contractilidad cardiaca como activador directo de la miosina aumentando la formación de puentes actina-miosina, lo que incrementa la fuerza y la duración de la contracción ventricular sin elevar el calcio intracelular ni el consumo miocárdico de oxígeno. De esta manera, incrementa el volumen sistólico y el tiempo de eyección.
Reduce la incidencia combinada de insuficiencia cardiaca descompensada o la muerte cardiovascular con una reducción del riesgo relativo del 8 % y absoluto de 2.1 % en el estudio GALACTIC-HF.53 Disminuye los niveles de péptidos natriuréticos y es bien tolerado sin eventos adversos graves ni aumento en la mortalidad. Puede contribuir al remodelado cardiaco favorable en los pacientes con disfunción sistólica. ¿Cómo iniciar y usar el omecamtiv mecarbil? Este fármaco no se comercializa en República Dominicana al momento de la redacción de este documento:
Déficit de hierro
Con base en estudios y recientes metanálisis [55,56] se recomienda la administración de suplementos de hierro intravenoso para pacientes con IC-FEr o IC-FElr y déficit de hierro para mejorar los síntomas y la calidad de vida, y se debe considerar para reducir el riesgo de hospitalización por insuficiencia cardiaca. El déficit de hierro se definió como una saturación baja de transferrina (< 20%) o una concentración baja de ferritina sérica (< 100 μg/l). Cabe mencionar que en el estudio IRONMAN se excluyó a los pacientes con un nivel de hemoglobina > 13 g/dl en mujeres y > 14 g/dl en varones.57 Estos fármacos liberan hierro férrico de forma controlada a las proteínas de transporte (transferrina) y almacenamiento (ferritina), reponiendo los depósitos corporales sin generar estrés oxidativo significativo.
Las nuevas recomendaciones sugieren el uso de hierro en pacientes sintomáticos con insuficiencia cardiaca y disfunción renal,58 como se muestran a continuación:
- De preferencia usar carboximaltosa férrica o derisomaltosa férrica en dosis de 15 mg/kg sin pasar de 1 gramo diluido en 100 ml de solución salina con administración I.V lento.
- Repetir laboratorios a los 7 días por si es necesario administrar otra dosis.
Cabe destacar que el manejo de los pacientes con insuficiencia cardiaca debe realizarse de manera individual y personalizada.
Terapia no farmacológica
Se recomienda hacer cambios en el estilo de vida [12,15,16,59], tales como:
Tratamiento con dispositivos implantables
La indicación de dispositivos implantables en la insuficiencia cardiaca se basa en la severidad de la disfunción ventricular, la presencia de arritmias, la duración del QRS y la respuesta al tratamiento médico, con un enfoque personalizado para mejorar la supervivencia, reducir hospitalizaciones y mejorar la calidad de vida [12,15,60].
Desfibrilador cardioversor implantable (DAI)
Diversos estudios han reportado la asociación entre IC con FEVI reducida y muerte súbita, a menudo debido a una arritmia ventricular, situación que ha llevado a la utilización del DAI para mejorar la supervivencia [60].
- Se recomienda implantar un DAI para la prevención secundaria en pacientes que han sobrevivido a paro cardiaco o taquicardia ventricular sostenida.
- En prevención primaria en pacientes con disfunción sistólica severa del ventrículo izquierdo asintomática (FEVI ≤ 30 %) y clase funcional II-IV de la NYHA tanto de origen isquémico, tras un mínimo de 40 días después de ocurrido en infarto agudo al miocardio, como en pacientes con miocardiopatía dilatada asintomática de origen no isquémico (FEVI ≤ 30%) que reciben un tratamiento médico óptimo [15].
Terapia de resincronización cardiaca (TRC)
Estrategia terapéutica utilizada en la IC con FEVI reducida que corrige los trastornos de la conducción intraventricular, restableciendo la sincronía ventricular y auriculoventricular y mejorando el remodelado reverso y la función diastólica, lo que disminuye los síntomas y la mortalidad. Se recomienda en casos de una IC sintomática clase II-IV NYHA, con FEVI <35 %, ritmo sinusal y bloqueo completo de rama izquierda con duración del QRS >130 ms a pesar del tratamiento médico óptimo [60].
Indicada también en pacientes con necesidad de marcapasos ventricular para evitar disincronía ventricular.
Marcapasos y estimulación del haz de His
El marcapasos está indicado en el bloqueo A-V avanzado, tras cirugía cardiaca o en insuficiencia cardiaca con bradicardia sintomática.
Los avances en pacing fisiológico (estimulación del haz de His o área del fascículo izquierdo) se utiliza para preservar la sincronía y reducir complicaciones asociadas a la estimulación ventricular derecha tradicional.
Los marcapasos sin cables son indicados en pacientes con infecciones previas o dificultades de acceso venoso.
Nuevas tecnologías y opciones emergentes
Se recomienda la modulación de contractilidad cardiaca para pacientes con FEVI 25-35 % que no cumplen criterios para terapia de resincronización o síntomas persistentes [60].
Dispositivos percutáneos para remodelado ventricular y reparación valvular en insuficiencia mitral o tricuspídea secundaria, los cuales mejoran síntomas y reducen hospitalizaciones [12,15].
Se recomienda la revascularización a pacientes de etiología isquémica, el trasplante cardiaco, cardiopulmonar o cardiorrenal para casos de insuficiencia cardiaca avanzada que no responden a terapia convencional [12,15].
Manejo de IC con FEVI preservada y recuperada
No se ha demostrado de manera convincente una reducción de la mortalidad de los pacientes con insuficiencia cardiaca con fracción de eyección preservada con ningún tratamiento farmacológico, aunque se han observado beneficios para algunos fenotipos y en general en reducción de las hospitalizaciones.
Tratamiento farmacológico de la insuficiencia cardiaca con fracción de eyección preservada
Sacubitrilo/valsartán
En los pacientes con IC con fracción de eyección preservada (IC-FEp) la evidencia a favor del sacubitrilo/valsartán (S/V) ha mostrado algunos beneficios tanto para pacientes hospitalizados como ambulatorios [61].
En el estudio pivotal PARAGON-HF (Prospective Comparison of Angiotensin Receptor Neprilysin Inhibitor with Angiotensin Receptor Blocker Global Outcomes in Heart Failure and Preserved Left Ventricular Ejection Fraction) en 4,822 pacientes con IC-FEp, S/V en comparación con valsartán no logró un efecto estadísticamente significativo en la reducción del compuesto primario de muerte cardiovascular u hospitalizaciones totales (primera o recurrente) por IC [62].
Sin embargo, en otros análisis sobre el beneficio de S/V sobre la muerte cardiovascular o mortalidad total, en los análisis de subgrupos preespecificados, se observó un beneficio de S/V en comparación con valsartán en pacientes con FEVI por debajo de la mediana (45 %-57 %) y en mujeres con cualquier fracción de eyección. La dosis meta en los estudios de S/V fue de 97/103 mg (200mg) bid [64,65].
Inhibidores de los iSGLT-2
En el estudio Pivotal EMPEROR-Preserved, se evaluaron 5,988 pacientes con fracción de eyección mayor de 40 %. En este estudio se demostró una reducción significativa en el punto primario (6.9 vs. 8.7 eventos por 100 pacientes-año; HR, 0.79; CI 95 %, 0.69 a 0.90; P<0.001), principalmente dado por hospitalizaciones por IC.62,63 El beneficio demostrado se presentó tanto en pacientes diabéticos como en no diabéticos, logrando una disminución por hospitalizaciones de 407 con empagliflozina vs. 541 con placebo (HR, 0.73; CI 95 %, 0.61 a 0.88; P<0.001). La dosis utilizada en el estudio fue de 10 mg al día [66].
En el estudio DELIVER, la dapagliflozina (en pacientes con IC-FEp) redujo la muerte cardiovascular y el empeoramiento de la insuficiencia cardiaca en pacientes con FE > 40 % [67].
La dapagliflozina redujo de forma consistente y segura el riesgo de muerte cardiovascular o descompensación de IC en los pacientes diabéticos con FEVI conservada del ensayo DELIVER, independientemente del número de tratamientos antidiabéticos de base, incluidas específicamente metformina e insulina.
Antagonistas de la aldosterona
La aldosterona actúa sobre el miocardio y los vasos sanguíneos, induciendo hipertrofia miocitaria, fibrosis y depósito de colágeno, lo que lleva al aumento de la rigidez miocárdica y arterial y contribuye a la fisiopatología de la IC-FEp.
En un pequeño ensayo clínico fue demostrado que la espironolactona mejoró los índices ecocardiográficos de disfunción diastólica [67].
En el estudio TOPCAT (Treatment of Preserved Cardiac Function Heart Failure with an Aldosterone Antagonist) y otros estudios de gran solidez se ha analizado el papel de la espironolactona en los pacientes con IC-FEp [67]. En este estudio se aleatorizaron 3,445 pacientes con IC sintomática y FEVI ≥ 45 % para recibir espironolactona (15-45 mg/día) o placebo.
Como conclusión, interpretamos que al comparar espironolactona versus placebo para el tratamiento de IC-FEp, la espironolactona no demostró un beneficio estadísticamente significativo en el compuesto final primario respecto del placebo [31].
Evidencia sobre el beneficio y seguridad de los antagonistas del receptor mineralocorticoide no esteroideos en pacientes con insuficiencia cardiaca y FE ligeramente reducida (IC-FElr) o conservada (IC-FEc).
El FINEARTS-HF es un ensayo internacional, multicéntrico, paralelo, aleatorizado y doble ciego en pacientes con insuficiencia cardiaca y FE ≥ 40 %. Durante un seguimiento medio de 32 meses, se registraron 1,083 eventos del objetivo principal en 624 de los 3,003 pacientes del grupo de finerenona, frente a 1,283 eventos en 719 de los 2,998 pacientes del grupo de placebo (razón de tasas, 0,84; intervalo de confianza del 95 % [IC 95 %]: 0,74 a 0,95; p = 0,007). Concluyen que, en pacientes con insuficiencia cardiaca y fracción de eyección ligeramente reducida o conservada, el uso de finerenona se asoció a una tasa significativamente menor del objetivo principal compuesto de eventos totales de empeoramiento de insuficiencia cardiaca y mortalidad de causa cardiovascular frente a placebo.
Agonista del receptor del péptido similar al glucagón tipo 1 (aGLP1)
La obesidad es un factor de riesgo mayor en la insuficiencia cardiaca con fracción de eyección preservada (IC-FEp). A pesar de que es muy frecuente en pacientes con IC-FEp, estos están infrarrepresentados en los ensayos clínicos sobre IC. La DM tipo 2 también es muy frecuente en IC-FEp con una prevalencia del 45 %. Los ensayos STEP-HFpEF y STEP-HFpEF-DM estudian el efecto del aGLP1, semaglutide, en pacientes con BMI > 30 kg/m2 sin y con DM2, respectivamente, e IC con FE superior a 45 %. En este análisis combinado con 1,145 pacientes en total, este fármaco demuestra además mejoría clínica y funcional en la IC-FEp en pacientes obesos (diabéticos y no diabéticos) para quienes no existen muchas opciones terapéuticas eficaces. Este beneficio va más allá de la pérdida de peso significativa que produce, pues a mayor gravedad sintomática basal mayor mejoría, para similar reducción de peso [71].
En pacientes con obesidad e insuficiencia cardiaca con fracción de eyección preservada (IC-FEp), el tratamiento semanal con tirzepatida durante aproximadamente dos años redujo el riesgo de eventos de empeoramiento de la insuficiencia cardiaca, según los hallazgos del estudio SUMMIT presentado en AHA 2024 y publicado simultáneamente en NEJM. Los autores del estudio también observaron mejoras en el estado de salud y la tolerancia al ejercicio [84].
Todos los participantes tenían IC-FEp y un IMC superior a 30 kg/m2 y presentaban limitaciones significativas en el estado de salud según el Cuestionario de Miocardiopatía de Kansas City (KCCQ-CSS) y la distancia de caminata de 6 minutos (6MWD). Casi el 50 % de los participantes también fueron hospitalizados o visitaron atención urgente por empeoramiento de la insuficiencia cardiaca en los 12 meses previos al estudio. Los investigadores dijeron que los eventos de empeoramiento de la insuficiencia cardiaca fueron menos frecuentes en el grupo de tirzepatida, pero no se observó una diferencia significativa en la muerte cardiovascular [84].
Los pacientes en el grupo de tirzepatida también experimentaron una mayor pérdida de peso corporal (por 11.6 % [–12.9 a –10.4]) y una disminución en la proteína C-reactiva de alta sensibilidad. En un análisis secundario del estudio SUMMIT, se sometió a imágenes para analizar la masa ventricular izquierda (MVI) y el tejido adiposo epicárdico en el inicio y a las 52 semanas. Los resultados mostraron que la tirzepatida disminuyó la masa ventricular izquierda y también el tejido adiposo paracardiaco en el grupo tratado en comparación con el grupo de placebo. El tejido adiposo epicárdico disminuyó en ambos grupos [84].
Betabloqueadores
Desde un punto de vista teórico, los betabloqueadores (BB) tienen beneficios potenciales en el tratamiento de la IC-FEp [68]:
- Al reducir la frecuencia cardiaca aumentan la duración de la diástole y el tiempo de llenado ventricular.
- Reducen las necesidades de oxígeno del miocardio.
- Disminuyen la presión arterial.
- Pueden inducir regresión de la HVI.
Por otro lado, esos efectos benéficos podrán ser parcialmente atenuados por el hecho de que los BB retrasan la relajación ventricular y reducen la contractilidad.
A pesar de que no existen estudios clínicos que evalúen específicamente los BB en ese grupo de pacientes, es de esperar que su utilización podrá ser potencialmente beneficiosa en la IC-FEp, sobre todo de aquellos con acción vasodilatadora asociada (por ejemplo, carvedilol y nebivolol) por su efecto en la reducción de la rigidez arterial [68].
En relación con la eficacia de los BB en la IC-FEp, prácticamente solo hay datos extraídos de estudios observacionales que señalan un beneficio en términos de reducción de la mortalidad.70 En un subanálisis del estudio SENIORS se observó que en el subgrupo de pacientes con una FE > 35 % los beneficios de los BB fueron semejantes, lo que parece demostrar que la eficacia de este BB es independiente de la fracción de eyección.
Estrategias generales
Ante tan poca evidencia, apenas son recomendados algunos principios generales para el tratamiento de la IC-FEp [71].
- Control estricto de la presión arterial para prevenir la aparición de la IC-FEp, reducir el número de descompensaciones de la IC y la regresión de la hipertrofia ventricular izquierda y mejorar el acoplamiento ventrículo-arterial.
- Reducción de las presiones de llenado ventricular, mediante la restricción de la ingestión de sal y la administración de diuréticos. Estos pacientes son extremadamente sensibles a variaciones del volumen y de la precarga.
- Mantener el ritmo sinusal para preservar la contracción atrial.
- En el control de la frecuencia cardiaca, evitar la taquicardia y la fibrilación, que acorta el tiempo de duración de la diástole.
- El tratamiento apropiado de la obesidad, además de la apnea del sueño y la diabetes.
Amiloidosis cardiaca
La amiloidosis sistémica es un amplio espectro de enfermedades que resultan del plegamiento incorrecto de las proteínas que se agregan en las fibrillas amiloides de la lámina beta [72]. Se trata de una cardiomiopatía restrictiva que resulta del depósito de fibrillas de amiloides en el intersticio miocárdico [72].
Hasta la fecha han sido identificadas más de 35 proteínas precursoras amiloidogénicas, las cuales dan lugar a enfermedades caracterizadas por el depósito extracelular de fibrillas amiloides insolubles en diversos tejidos y órganos [73]. En el caso de la amiloidosis cardiaca, las fibrillas se acumulan en el espacio intersticial entre los miocitos cardiacos, lo que desencadena una lesión celular y altera la distensibilidad. En estadios avanzados se caracteriza fisiológicamente como una miocardiopatía restrictiva [72,73].
Aunque se han descrito nueve tipos diferentes de amiloidosis cardiaca, los dos más comunes corresponden a la amiloidosis de cadena ligera, donde las fibrillas de amiloide están compuestas de inmunoglobulina monoclonal (AC-AL) o la amiloidosis por transtiretina (AC-TTR), ya sea en su forma hereditaria (AC-TTRv) o adquirida (AC-TTRwt), en la cual las fibrillas de amiloide están compuestas por proteína transtiretina. La forma AC-TTRwt, que se asocia con el envejecimiento, se considera actualmente la más frecuente de amiloidosis cardiaca en todo el mundo [74].
En el pasado se ha considerado como una enfermedad rara. Los datos obtenidos en la última década sugieren que la amiloidosis cardiaca está subestimada como causa de enfermedades o síndromes cardiacos habituales, como la IC-FEp, la estenosis aórtica o la HVI de causa desconocida, sobre todo en personas mayores.
La mayoría de los pacientes con miocardiopatía amiloide por transtiretina (MC-ATTR) no reciben un diagnóstico oportuno. En una encuesta realizada a este tipo de pacientes, el diagnóstico se realizó dentro de los seis meses posteriores al inicio de los síntomas en solo el 35 % de aquellos con ATTRv y el 46 % con ATTRwt. Muchos pacientes consultan a más de cinco médicos antes de recibir el diagnóstico correcto debido a la rareza percibida de la enfermedad, superposición de otras enfermedades más comunes y constelación aparentemente desconectada de los hallazgos clínicos que incluyen manifestaciones musculoesqueléticas, neurológicas gastrointestinales y renales.
Es fundamental el reconocimiento clínico y el diagnóstico de la amiloidosis cardiaca en una etapa temprana de la enfer-medad, ya que ofrecen al paciente afectado la más amplia gama de opciones para el tratamiento y un impacto favorable en la supervivencia y/o en la prevención potencialmente irreversible de la función física y la calidad de vida.
Diagnóstico y estudio clínico
Las manifestaciones clínicas de la amiloidosis cardiaca no siempre van aunadas a un fácil diagnóstico. Una característica de este tipo de patología es el aumento del grosor parietal del ventrículo izquierdo debido a la infiltración del tejido extracelular cardiaco por el material amiloide, lo que conlleva a un aumento de la rigidez y una alteración progresiva de la función diastólica. Esto implica la aparición de signos y síntomas de insuficiencia cardiaca tanto izquierda como derecha, dado el compromiso biventricular. La necrosis miocitaria y su sustitución por tejido fibrótico lleva a un remodelado cardiaco con posterior dilatación de las cavidades y alteración de la función sistólica. Esta infiltración puede generar una disfunción electromecánica auricular que favorece la estasis sanguínea y el aumento del riesgo de formación de trombos, incluso en ritmo sinusal. Los fenómenos tromboembólicos son más frecuentes en amiloidosis AL o fibrilación auricular. Los depósitos de amiloides también infiltran las arterias coronarias, habitualmente afectando la microvasculatura y respetando los vasos epicárdicos.
Esta patología puede confundirse con cardiopatía hipertensiva, hipertrofia concéntrica por estenosis aórtica, miocardiopatía hipertrófica u otra miocardiopatía infiltrativa, como la enfermedad de Fabry. De hecho, la MC-ATTR ha sido diagnosticada subsecuentemente en el 16 % de los pacientes con estenosis aórtica sometidos a reemplazo valvular y el 13 % de los pacientes inicialmente diagnosticados con IC-FEp. Estos hallazgos indican que ante un paciente con disnea atribuida a estenosis aórtica o insuficiencia cardiaca con fracción de eyección preservada debe valorarse el diagnóstico de amiloidosis cardiaca.
El proceso del diagnóstico de amiloidosis cardiaca comienza con la historia clínica y el examen físico, el electrocardiograma y el ecocardiograma transtorácico. La discordancia entre el voltaje del QRS y el grosor de la pared observado en el ecocardiograma es una característica bien reconocida. Sin embargo, solo está presente en el 30 % de los pacientes con esta enfermedad.
Es de suma importancia tomar en cuenta que los pacientes con aumento del grosor de la pared del VI en presencia de señales de alerta cardiacas o extracardiacas y/o en situaciones clínicas específicas, especialmente en pacientes mayores de 65 años, se debe sospechar amiloidosis cardiaca. Desde el punto de vista ecocardiográfico existen pistas que incluyen el grosor de la pared del ventrículo izquierdo (por encima del límite superior normal específico del sexo y típicamente mayor o igual a 1.2 cm) más que de la pared libre del ventrículo derecho, así como otras características, como el engrosamiento de la válvula auriculoventricular, el agrandamiento biauricular y la disminución de la velocidad sistólica del anillo mitral.
La amiloidosis cardiaca se puede diagnosticar utilizando criterios de diagnóstico invasivos y no invasivos. Los criterios de diagnóstico invasivos se aplican a todas las formas de amiloidosis cardiaca, mientras que los no invasivos solo se aceptan para AC-TTR. Los criterios invasivos incluyen la demostración de fibrillas de amiloide dentro del tejido cardiaco o, alternativamente, la demostración de depósitos de amiloide en una biopsia extracardiaca acompañada por características de amiloidosis cardiaca en la ecocardiografía o la RMC (resonancia magnética cardiaca). Los criterios no invasivos incluyen: hallazgos típicos de la ecocardiografía y/o RMC combinados con captación miocárdica de radiotrazador de grado 2 o 3 en gammagrafía planar y de emisión de fotón único (SPECT) con 99m-tecnecio-pirofosfato (99mTc-PYP), ácido 3,3-difosfono-1,2-propanodicarboxílico (DPD) o bifosfonato de hidroximetileno (HMDP) y exclusión de una discrasia clonal mediante las pruebas siguientes: ensayo de cadenas ligeras libres en suero y electroforesis de proteínas en suero y orina con inmunofijación.
Se debe considerar el SPECT para reducir el número de clasificaciones erróneas. En algunos casos raros puede haber gammagrafías falsas negativas asociadas con ciertos genotipos ATTRv. Los falsos positivos pueden deberse a AL, infarto de miocardio reciente o uso prolongado de cloroquina. Por lo tanto, la gammagrafía planar y el SPECT, junto con la evaluación de proteínas monoclonales, seguida de RMC y/o biopsia cardiaca/extracardiaca cuando sea necesario, permite un diagnóstico apropiado en pacientes con signos/síntomas sugestivos. No obstante, la gammagrafía con DPD/PYP/HMDP no puede distinguir entre AC-TTR de tipo wild-type (adquirido) y mutado y, por lo tanto, se requieren pruebas genéticas de TTR. Es importante señalar que las pruebas genéticas de TTR se recomiendan en todos los pacientes con miocardiopatía amiloide por transtiretina (MC-ATTR) independientemente de su edad, ya que el 5 % de los pacientes con MC-ATTR de 70 años o más (y el 10 % en las mujeres) tiene ATTRv.
Curso clínico y estratificación de riesgo
La amiloidosis cardiaca es una enfermedad progresiva con malos resultados si no se trata. La amiloidosis cardiaca de cadenas ligeras se asocia con una progresión más rápida de la IC y un pronóstico peor que la AC-TTR. Afortunadamente, el pronóstico de la amiloidosis AL ha mejorado significativamente con la introducción de terapias muy efectivas capaces de reducir drásticamente la producción de las cadenas ligeras cardiotóxicas. El pronóstico en AC-TTR depende de la variante, el grado de afectación cardiaca y el fenotipo neurológico. Se han desarrollado varios sistemas multiparamétricos de clasificación por estadios basados en biomarcadores para AL y AC-TTR.
Manejo
El manejo de la amiloidosis cardiaca incluye el tratamiento y la prevención de las complicaciones y la detención o el retraso del depósito de amiloide mediante un tratamiento específico. No hay evidencia que respalde el uso del tratamiento estándar para la IC, que a menudo no se tolera bien, aparte de los diuréticos.
La historia natural de la amiloidosis cardiaca se asocia a trastornos de la conducción eléctrica, como bradicardia sintomática y bloqueo AV avanzado. El umbral clínico para la indicación de marcapasos debe ser bajo, a medida que la enfermedad progresa. El implante del dispositivo permite una respuesta de frecuencia adaptada al ejercicio y al ajuste de la medicación. El papel del DAI en la amiloidosis cardiaca para la prevención de la muerte súbita cardiaca no se conoce bien y los datos disponibles no respaldan su uso en la prevención primaria.
Tratamientos específicos
El tratamiento de la amiloidosis cardiaca AL se basa en el tratamiento del problema hematológico subyacente con quimioterapia o trasplante autólogo de células madre. La estabilización de la transtiretina y la reducción de su producción son la base del tratamiento de la amiloidosis cardiaca TTR. El tafamidis, único medicamento aprobado por la FDA para su tratamiento, actúa como estabilizador de la transtiretina, ralentizando la disociación y, por lo tanto, la formación de fibrillas y el depósito cardiaco. Esta molécula redujo la mortalidad por cualquier causa y las hospitalizaciones cardiovasculares en la AC-TTR. El mayor efecto se ha logrado en pacientes en clase funcional I y II de la NYHA. La dosis aprobada por la FDA es 61 mg o tafamidis meglumina 50 mg. Su perfil de efectos secundarios es favorable

Por otra parte, el acoramidis, un estabilizador de la TTR altamente selectivo, estudiado tanto en ATTR wild type como en otras variantes, que fue diseñado para imitar el efecto protector de la mutación T119M a través del estudio ATTRibute-CM, demostró su efecto positivo en la reducción de la mortalidad cardiovascular y la disminución de rehospitalizaciones.
Otro medicamento aprobado por la FDA para el tratamiento de amiloidosis por transtiretina es el diflunisal, un antiinflamatorio no esteroideo que ha demostrado la disminución progresiva del déficit neurológico y la preservación de la calidad de vida.Aunque a través de estudios con pocas muestras, el epigalocatequina-3-galato, un extracto de té verde, ha sido capaz de demostrar la prevención del mal plegamiento y depósito de transtiretina, sin impacto positivo en la sobrevida de los pacientes.
Los silenciadores del ARN mensajero reducen la producción de amiloide TTR como alternativa al trasplante hepático. Vutrisirán, patisirán, inotersén y eplontersén pertenecen a este tipo de molécula y han demostrado, a través de estudios de corte, pequeños efectos positivos en la reducción de la mortalidad total y de eventos cardiovasculares recurrentes, como es el caso del vutrisirán (Estudio HELIOS-B), y sobre la neuropatía amiloidótica familiar, en el caso de los tres restantes.
La prevalencia reportada de fibrilación auricular en amiloidosis cardiaca es variable, pero puede ser hasta del 56 %en la amiloidosis AL y 70 % en AC-TTR. El riesgo de trombo intracardiaco puede ser hasta del 33 %, por lo cual está recomendada la anticoagulación oral cuando hay FA, independientemente de la puntuación de CHADS. No hay suficiente evidencia de ensayos clínicos aleatorizados para fundamentar el uso de anticoagulantes orales directos frente a warfarina en amiloidosis cardiaca, aunque los primeros ofrecen facilidad de administración y se han utilizado ampliamente como estrategias de anticoagulación de primera línea en ambos tipos desde su aprobación.

Manejo multidisciplinario y seguimiento
La valoración integral de los pacientes con amiloidosis cardiaca es crucial para lograr un buen manejo y tratamiento, ya que sus afecciones y complicaciones abarcan complicaciones cardiacas y no cardiacas, como ya se había mencionado.
El manejo multidisciplinario de cardiólogos, neurólogos, hematólogos, gastroenterólogos, nefrólogos y otros especialistas permite mejores resultados para tratar la sintomatología y, a la vez, mejorar la calidad de vida del paciente, con la consiguiente reducción de la mortalidad y la hospitalización. Estos pacientes requieren evaluaciones continuas de la progresión de la enfermedad y ajustes de tratamiento con valoración de criterios clínicos y funcionales, que van desde la realización de biomarcadores y ecocardiografía hasta caminatas de seis minutos.
Consideraciones en el manejo de los pacientes con comorbilidades y condiciones especiales
Insuficiencia cardiaca en poblaciones especiales Insuficiencia cardiaca e insuficiencia renal
La insuficiencia renal crónica es definida sobre la base de un descenso persistente del filtrado glomerular estimado (FGe) menor 60 ml/min/1,73 m2 o al menos un signo de daño renal superior a 3 meses. Los signos de daño renal incluyen albuminuria, sedimento urinario anormal y alteraciones estructurales o histológicas. La insuficiencia cardiaca como síndrome primario puede experimentar insuficiencia renal crónica secundaria y viceversa o ambos pueden coexistir sobre las bases de factores de riesgo compartidos o desórdenes sistémicos. La distinción de cuál enfermedad es primaria o cuál es secundaria puede ser un reto.
La incidencia de IC de novo en casos de insuficiencia renal crónica conocida está en el rango del 17 % al 21 %. La aparición de IC varía dependiendo del grado de ERC y de la modalidad del tratamiento sustitutivo renal, incluido el trasplante. El FGe descendido se asocia con el incremento del riesgo de mortalidad de todas las causas, la mortalidad cardiovascular y la hospitalización en pacientes con IC-FEc y IC-FEr. La albuminuria elevada es un factor pronóstico de IC, aunque en menor grado que el FGe reducido. Ambos, el descenso del FGe y la albuminuria, pueden favorecer el desarrollo de IC. De esta forma, IC y ERC ocurren en un modo bidireccional con considerable solapamiento.
Terapéutica médica en pacientes con ERC según Fge
Varios ensayos clínicos han mostrado que los iSGLT2 son eficaces para prevenir o retrasar el deterioro de la función renal, reducir el riesgo de muerte cardiovascular e insuficiencia cardiaca (IC) y mejorar la calidad de vida de los pacientes.
Los ensayos DAPA-HF, EMPEROR-Reduced y EMPEROR-Preserved han demostrado que los iSGLT2 disminuyen el riesgo de muerte cardiovascular y hospitalización por insuficiencia cardiaca en pacientes con insuficiencia cardiaca y fracción de eyección reducida o preservada, independientemente del estado diabético.
En cuanto al uso de iSGLT2 en relación con el filtrado glomerular estimado (Fge), estudios como el DAPA-CKD y el ensayo EMPA-KIDNEY confirmaron que dapagliflozina y empagliflozina pueden ser utilizados sin ningún problema de seguridad, incluso cuando los niveles de FGe son tan bajos como 20 ml/min/1,73 m2. Estos datos han sido incorporados a las guías de práctica clínica, que actualmente recomiendan iniciar tratamiento con iSGLT2 en FGe superior a 20 ml/min/1,73 m2.
Considerando las terapias de sustitución renal
Para hablar de ellas, primero hay que referirse al síndrome cardiorrenal (SCR), el cual se divide en:
Tipo I - IC aguda, que conduce a una enfermedad renal aguda (ERA).
Tipo II - ICC, que causa deterioro progresivo de la función renal y conduce a ERC.
Tipo III - ERA o ERC reagudizada, que conduce a IC aguda. Tipo IV - ERC avanzada, que causa IC.
Estos últimos dos tipos de SCR serán abordados en este documento.
SCR tipo III: En este grupo de pacientes está indicada la diálisis para realizar ultrafiltración (UF), debido a que la IC aguda puede conducir al deterioro del FGe a través de la actividad neurohormonal exacerbada (bajo flujo hacia adelante) o sobrecarga de líquidos y congestión venosa renal (alta presión hacia atrás). La ultrafiltración podría contrarrestar estas interacciones desadaptativas, principalmente a través de la corrección de la congestión.
Deficiencia de hierro y anemia
Los agentes estimulantes de la eritropoyesis no tienen efecto sobre la prevención o el tratamiento de la IC en pacientes con ERC. Sin embargo, para los pacientes con IC crónica y deficiencia de hierro con o sin anemia, el tratamiento con carboximaltosa férrica endovenosa mejora los síntomas, la capacidad funcional y la calidad de vida.
Mujeres embarazadas y falla cardiaca
Algunas mujeres con una enfermedad cardiaca y una mala función cardiaca requieren digoxina, 0,25 mg por vía oral 1 vez al día más reposo en cama o actividad limitada, comenzando a las 20 semanas. Los glucósidos cardiacos (p. ej., digoxina, digitoxina) cruzan la placenta, pero los neonatos (y los niños) son relativamente resistentes a su toxicidad. Los inhibidores de la ECA y los BRA están contraindicados porque pueden causar daño renal fetal. Los antagonistas de la aldosterona (espironolactona, eplerenona) deben evitarse porque pueden causar feminización en los fetos de sexo masculino. Otros tratamientos para insuficiencia cardiaca (p. ej., diuréticos no tiazídicos, nitratos, inotrópicos) pueden continuar administrándose durante el embarazo de acuerdo con el riesgo materno y fetal, según lo determinen el cardiólogo y el neonatólogo.
Fibrilación auricular
Se recomienda el tratamiento a largo plazo con un anticoagulante oral en todos los pacientes con FA, IC y ≥2 (hombres) o ≥3 puntos (mujeres) en la escala CHA2DS2-VASc [I/A]. En los pacientes con IC, se prefieren los anticoagulantes orales directos (ACOD) a los antagonistas de la vitamina K (AVK), excepto en las personas con estenosis mitral moderada o grave o prótesis valvulares mecánicas. En los pacientes con FA y 1 (hombres) o 2 puntos (mujeres) en la escala CHA2DS2-VASc, se debe considerar el tratamiento a largo plazo con un anticoagulante oral para prevenir ACV [IIa/B].
Se debe considerar el uso de un β-bloqueante para controlar la frecuencia del ritmo a corto y largo plazos en los enfermos con IC y FA [IIa/B]. Si la frecuencia del ritmo ventricular se mantiene a un nivel alto a pesar del β-bloqueante, o en caso de intolerancia o contraindicaciones para el uso de estos fármacos, se debe considerar la digoxina [IIa/C].
Se recomienda la cardioversión eléctrica urgente en caso de intensificarse la IC en los enfermos con ritmo ventricular alto e inestabilidad hemodinámica [I/C]. La cardioversión se puede considerar si se observa una relación entre la FA y el empeoramiento de los síntomas de la IC a pesar del tratamiento farmacológico óptimo [IIb/B].
Cuando exista una relación clara entre la FA paroxística o persistente y el empeoramiento de los síntomas de IC—que no remiten a pesar de la farmacoterapia—, se debe considerar la ablación para prevenir o tratar la FA [IIa/B].
No se recomienda administrar antiarrítmicos, como flecainida, encainida, disopiramida, dronedarona o sotalol, por las preocupaciones sobre la seguridad de tal terapia [III/A].
Diabetes
Se recomienda utilizar inhibidores del cotransportador de sodio-glucosa 2 (SGLT2) [I/A]:
- Canagliflozina, dapagliflozina, empagliflozina, ertugliflozina o sotagliflozina en los enfermos con diabetes tipo 2 en riesgo de desarrollar eventos cardiovasculares para reducir el riesgo de hospitalización por IC, eventos cardiovasculares graves, insuficiencia renal terminal y muerte por causas cardiovasculares.
- Dapagliflozina, empagliflozina y sotagliflozina en los enfermos con diabetes tipo 2 e HFrEF para reducir el riesgo de hospitalización por IC y muerte por causas cardiovasculares.
En los enfermos con diabetes e IC, no se recomienda el uso de:
- Derivados de la tiazolidinediona (glitazonas), puesto que aumentan el riesgo de que la IC empeore y desemboque en hospitalización [III/A].
- Saxagliptina: un inhibidor de la dipeptidil peptidasa 4 (DPP-4) [III/B].
Neoplasia maligna
Antes de iniciar una terapia antineoplásica programada, se recomienda evaluar el sistema cardiovascular (de ser posible, que lo haga un cardiólogo con experiencia en cardiooncología) de los enfermos con neoplasia maligna y riesgo alto de cardiotoxicidad, determinado con base en el historial, la presencia de factores de riesgo cardiovasculares, cardiotoxicidades o exposición previa a factores cardiotóxicos.
Se debe considerar el uso de un inhibidor de la enzima convertidora de angiotensina (IECA) y un β-bloqueante (preferentemente carvedilol) en los pacientes con neoplasia maligna que presenten disfunción sistólica del ventrículo izquierdo, definida como una reducción de la FEVI de ≥10 % y hasta un valor menor del 50 % durante la quimioterapia con antraciclinas [IIa/B].
Se debe considerar realizar una evaluación inicial del riesgo cardiovascular en todos los enfermos con neoplasia maligna que tengan programado un tratamiento antineoplásico que pueda inducir insuficiencia cardiaca.
¿Cuándo derivar a un nivel superior a un paciente con IC?
Paso 1: ¿El paciente tiene o está acercándose a una insuficiencia cardiaca avanzada (etapa D)?
El primer paso en el proceso de referencia es identificar si un paciente presenta características clínicas consistentes con una insuficiencia cardiaca avanzada, también conocida como etapa D. La detección temprana es crucial, ya que un retraso en la referencia para terapias avanzadas puede aumentar la morbilidad y la mortalidad. Durante cada encuentro con un paciente con insuficiencia cardiaca, se debe evaluar cuidadosamente su estado para identificar si está avanzando hacia una etapa más grave de la enfermedad. Algunos signos clínicos que pueden indicar esta transición incluyen hospitalizaciones recurrentes, incapacidad para tolerar la terapia médica dirigida (TMD), un aumento en la carga de arritmias y un deterioro de la función renal. Estas características sugieren que el paciente podría estar desarrollando una insuficiencia cardiaca avanzada, y deben activar la sospecha de que es necesaria una evaluación más profunda.
Además de los signos clínicos, las imágenes diagnósticas también pueden proporcionar información crucial sobre el pronóstico del paciente. La ecocardiografía bidimensional con Doppler, por ejemplo, es fundamental tanto para la evaluación inicial como para reevaluaciones durante cambios en los síntomas o en el estado clínico. Hallazgos como una dilatación significativa del ventrículo izquierdo, hipertensión pulmonar o una disfunción del ventrículo derecho, en combinación con una baja fracción de eyección del ventrículo izquierdo, son indicativos de un estado avanzado. En estos casos, es vital considerar una referencia para terapias avanzadas antes de que ocurra un daño irreversible en los órganos.
Paso 2: ¿Podría beneficiarse el paciente al coordinar su atención en una clínica especializada en insuficiencia cardiaca avanzada (Advanced Heart Failure Center o AHFC) en lugar de continuar en su centro actual?
Una vez que se determina que un paciente se encuentra en una etapa avanzada de insuficiencia cardiaca, es necesario evaluar si podría beneficiarse de una atención especializada en una clínica de insuficiencia cardiaca avanzada (AHFC). Estas clínicas ofrecen un manejo especializado que puede ser crucial para pacientes que podrían ser candidatos para terapias avanzadas, como el trasplante cardiaco (Heart Transplant o HT) o el dispositivo de asistencia ventricular izquierda (LVAD). Sin embargo, no todos los pacientes se beneficiarán de estos tratamientos complejos. Por ejemplo, aquellos con condiciones no cardiacas graves, como demencia avanzada o cáncer terminal, o aquellos que expresan deseos claros de evitar tratamientos médicos o quirúrgicos complejos, pueden no ser buenos candidatos para dichas terapias. En tales casos, se debe involucrar a los pacientes en un proceso de toma de decisiones compartido para evaluar si la referencia a una AHFC sería beneficiosa o si el enfoque debiera centrarse en otros objetivos de atención.
Por otro lado, muchos pacientes con insuficiencia cardiaca se beneficiarán de los servicios especializados de una AHFC, incluso si no son candidatos para HT o LVAD. Es importante que los profesionales de la salud promuevan la estabilidad clínica de estos pacientes mientras los preparan para una posible evaluación de terapias avanzadas en el futuro. Esto incluye gestionar adecuadamente las comorbilidades, fomentar la adherencia al tratamiento y alentar la construcción de una red de apoyo sólida que les ayude a manejar su condición actual y estar preparados para terapias avanzadas si fuera necesario.
Tiempo óptimo para la referencia y consideraciones para poblaciones especiales
El momento de referencia para la evaluación de terapias avanzadas es crucial para garantizar una atención de alto valor. Se debe referir a los pacientes cuando están alcanzando un nivel de gravedad que justifique su consideración, pero antes de que se produzca un daño irreversible en los órganos. Este período, conocido como la “ventana dorada”, es ideal para maximizar los beneficios de las terapias avanzadas.
Algunas poblaciones, como las mujeres y los pacientes de grupos raciales y étnicos subrepresentados, a menudo sufren retrasos en la referencia para terapias avanzadas, lo que puede afectar negativamente sus resultados. Factores como el sesgo implícito, las determinantes sociales de la salud y las disparidades en el acceso a la atención contribuyen a estas inequidades. Por lo tanto, es esencial que los profesionales de la salud sean conscientes de estos factores y adopten estrategias para mitigar el sesgo en la toma de decisiones, garantizando que todos los pacientes reciban una evaluación justa y oportuna para las terapias avanzadas.
Referencia a un cardiólogo o internista
Es crucial considerar la derivación a un cardiólogo o internista en situaciones donde los síntomas o signos de insuficiencia cardiaca (IC) persisten a pesar de los intentos por optimizar la terapia médica. Cuando la enfermedad valvular o la enfermedad coronaria son factores que contribuyen de manera significativa a la IC, la intervención de un especialista es indispensable para ayudar en el diagnóstico y manejo adecuados. Además, si se sospecha de una etiología subyacente rara, es fundamental remitir al paciente a un especialista que pueda llevar a cabo una evaluación más profunda y proporcionar una gestión personalizada. La referencia a una clínica de función cardiaca o a una clínica multidisciplinaria de manejo de enfermedades crónicas puede ser necesaria para obtener asistencia adicional en el diagnóstico o manejo de la IC, especialmente si estas clínicas están disponibles en la región.
Referencia a una clínica de insuficiencia cardiaca
Las clínicas de función cardiaca, cuando están disponibles, representan una valiosa herramienta en la gestión de pacientes después de una admisión reciente o de múltiples hospitalizaciones por IC. Estos centros especializados son particularmente útiles para la evaluación de la disfunción ventricular izquierda asintomática, brindando un entorno óptimo para la asistencia en el cuidado multidisciplinario de la IC, incluida la educación sobre habilidades de manejo de estilo de vida. Además, estas clínicas pueden evaluar la idoneidad del paciente para intervenciones procedurales, como la revascularización coronaria percutánea (PCI), la cirugía y los dispositivos implantables, asegurando un enfoque integral en el tratamiento de la IC.
Manejo de dispositivos
El manejo de dispositivos cardiacos, como el desfibrilador cardioversor implantable (DAI) y la terapia de resincronización cardiaca (TRC), es complejo y requiere la intervención de cardiólogos, internistas, electrofisiólogos cardiacos o una clínica de función cardiaca. La utilización adecuada del DCI está asociada con una mejora en la mortalidad, aunque no necesariamente en la calidad de vida del paciente. En contraste, la TRC no solo mejora la mortalidad, sino también la calidad de vida en individuos debidamente seleccionados, así como su estado sintomático y su capacidad funcional. El DCI puede considerarse en pacientes con antecedentes de arritmia ventricular sostenida hemodinámicamente significativa, cardiomiopatía isquémica con fracción de eyección del ventrículo izquierdo (FEVI) ≤ 35 % y cardiomiopatía no isquémica con FEVI ≤ 35 %, siempre que se hayan cumplido los tiempos apropiados posinfarto o la terapia médica óptima. Sin embargo, no debe considerarse en pacientes con síntomas activos de clase IV según la clasificación NYHA. La TRC puede ser considerada en pacientes con síntomas de clase II-IV de la NYHA, que persisten a pesar de las terapias máximamente toleradas para la IC, con una duración del QRS ≥ 130 ms y FEVI ≤ 35 %.
Cuidados paliativos y atención al final de la vida
El cuidado paliativo ofrece una oportunidad significativa para mejorar la calidad de vida de los pacientes cardiacos con enfermedad avanzada. Desafortunadamente, muchos pacientes perciben el cuidado paliativo en un contexto negativo, asociándolo únicamente con cuidados terminales o de hospicio, lo que limita su acceso a estos servicios. Como resultado, muy pocos pacientes cardiacos reciben el cuidado paliativo adecuado, y aquellos que lo hacen, lo reciben demasiado tarde en el curso de la enfermedad, limitando los beneficios potenciales. Es esencial no retrasar las conversaciones sobre la planificación de cuidados avanzados ni la introducción del cuidado paliativo para pacientes con enfermedades graves que experimentan angustia física, psicológica, social o espiritual, incluso si están siguiendo tratamientos dirigidos a la enfermedad. Un enfoque paliativo aborda la gestión del dolor, la disnea y otros síntomas, priorizando siempre la calidad de vida del paciente y brindando apoyo a sus familiares y cuidadores.
Existen escenarios clínicos que ameritan referir a un nivel superior de atención,80 los cuales se enumeran en el siguiente acrónimo: I NEED HELP (por sus siglas en inglés).
Importancia de las clínicas de insuficiencia cardiaca
Entregar una atención óptima centrada en el paciente con insuficiencia cardiaca (IC) es complejo. La gama de tratamientos disponibles, particularmente aquellos para pacientes con IC con fracción de eyección reducida (IC-FEr), incluye múltiples medicamentos, dispositivos cardiacos, cirugía y adaptaciones del estilo de vida, los cuales requieren educación, monitoreo y compromiso. Por ejemplo, los pacientes con IC-FEr frecuentemente requieren atención consultiva proporcionada por especialistas en electrofisiología para implantar, monitorear y ajustar dispositivos como desfibriladores automáticos implantables (DAI) o dispositivos de terapia de resincronización cardiaca (TRC).

La complejidad de la atención de la IC se ve aún más exacerbada por la coexistencia frecuente de comorbilidades cardiacas y no cardiacas en pacientes con IC. Las comorbilidades son particularmente comunes en los ancianos. Más del 50 % de los pacientes con IC en Medicare tiene cuatro o más comorbilidades no cardiovasculares y más del 25 % tiene seis o más. Las necesidades de atención para las comorbilidades pueden complicar, y en algunos casos prevenir, el uso óptimo de las terapias para la IC.
La complejidad médica de la mayoría de los pacientes con IC generalmente requiere la participación de múltiples clínicos en muchos entornos de atención (por ejemplo, hospitales, instalaciones de rehabilitación y clínicas ambulatorias). Esto aumenta el riesgo de ineficiencias en la prestación de atención, mala comunicación, posibles interacciones entre medicamentos y entre enfermedades y medicamentos y oportunidades perdidas para lograr resultados óptimos en la IC.
Independientemente del enfoque, el manejo de la IC-FEr debe estar centrado en el paciente, utilizar la toma de decisiones compartidas e involucrar la comunicación entre disciplinas. Los ensayos aleatorios han demostrado la superioridad del enfoque basado en equipo sobre la atención habitual en pacientes con IC en cuanto a los riesgos de muerte, hospitalización, duración de la estancia y calidad de vida. Estos resultados generalmente se atribuyen a una mayor adherencia a la terapia médica dirigida por guías (GDMT), mayores proporciones de pacientes que reciben dosis efectivas de medicamentos y un reconocimiento más temprano de los signos y síntomas de la IC.
La derivación de pacientes con IC-FEr a clínicas de optimización de medicación para IC basadas en equipos, centradas en iniciar y titular rápidamente la GDMT cuádruple a dosis objetivo, puede minimizar la inercia clínica y aprovechar las reducciones en hospitalizaciones y mortalidad. Un estudio de Coons y colaboradores comparó a personas con IC-FEr que recibían atención habitual frente a la derivación a una clínica de optimización de medicación y notó que tenían tres veces más probabilidades de incurrir en una hospitalización por IC que los pacientes manejados en una clínica de optimización de medicación. Cada programa definirá los roles y responsabilidades de los diversos miembros del equipo de atención en un esfuerzo por comunicarse eficazmente y obtener resultados óptimos para los pacientes. Además, las innovaciones recientes en la prestación de atención para la IC, como las visitas grupales, la consulta remota con especialistas por video y los programas de telemonitoreo, también pueden ser útiles. Los programas remotos para monitorear a los pacientes con IC en busca de signos tempranos de descompensación clínica también han ido en aumento y son muy útiles [80].
Características y componentes recomendados en una unidad de insuficiencia cardiaca
Aunque se han probado diferentes estrategias e intervenciones, el abordaje multidisciplinar dirigido a los pacientes de alto riesgo es el que resulta más efectivo. Este manejo debe incluir una serie de componentes, entre los que destacan el seguimiento precoz posalta, el acceso a terapias avanzadas, la educación sanitaria que fomente el autocuidado y el acceso al sistema sanitario ante síntomas de descompensación.
La clínica estará conformada por:
- Un cardiólogo formado en IC.
- Personal de enfermería formado en IC.
- Un espacio físico habilitado del tipo de una consulta u hospital de día.
- Una población “diana” de pacientes a los que dirigir la intervención.
El rol del cardiólogo dentro de una clínica de IC es ser el coordinador/director del funcionamiento global de la unidad.
Entre sus funciones se incluyen:
- Formación del equipo.
- Seleccionar la población diana y establecer los criterios de derivación y salida de la clínica de IC.
- Protocolizar el manejo clínico del paciente tanto médico como de enfermería.
- Establecer una forma de registro (base de datos) para recoger la actividad de la clínica de IC y realizar su posterior análisis.
- Establecer indicadores de calidad para medir resultados.
- Estar disponible para enfermería.
- Fomentar las relaciones multidisciplinares de las que se beneficia el paciente, así como fomentar la conexión interniveles.
Al igual que ocurría con el personal facultativo, no existe aún la especialización de enfermería en IC, aunque en estas unidades su rol es fundamental y algo diferente al habitual, con mayor protagonismo y autosuficiencia. Disponer de la especialidad de enfermería en una clínica de IC permite un manejo “más cercano” del paciente y el involucramiento de este personal en el autocuidado de la enfermedad a través de la educación sanitaria.
La organización de la asistencia debe permitir un seguimiento posalta precoz del paciente, optimización del tratamiento, educación sanitaria y accesibilidad al sistema sanitario ante signos de descompensación. La participación de otros profesionales y el abordaje multidisciplinar enfocando la comorbilidad y los aspectos psicosociales mejoran la calidad de vida y el pronóstico de los pacientes con IC [81].
Recomendaciones finales para el abordaje y tratamiento de la falla cardiaca
- Realizar un diagnóstico oportuno basado en historia clínica y examen físico.
- Evaluar síntomas típicos, como disnea, edema periférico, fatiga, así como signos físicos, como estertores pulmonares, galope por S3, distensión venosa yugular, entre otros.
- Realizar un ECG para detectar posibles arritmias, isquemia o infarto previo.
- Realizar del Ecocardiograma Doppler para evaluar la fracción de eyección del ventrículo izquierdo (FEVI), lo cual ayudará a la clasificación, elección adecuada de fármacos y determinación pronóstica, así como la caracterización de la estructura cardiaca, descartar valvulopatías y otras entidades.
- Usar biomarcadores péptidos natriuréticos (BNP o NT-proBNP) para apoyar el diagnóstico y evaluar su severidad.
- Clasificar a los pacientes: Basada en la FEVI: 1. Reducida (HFrEF) < 40 %. 2. FEVI preservada (HFpEF): FEVI ≥ 50 %. 3. FEVI intermedia (HFmrEF) 40-49 %.
- Detectar los pacientes en riesgo con el apoyo de los distintos estadios ACC/AHA: Estadio A: alto riesgo de desarrollar falla cardiaca sin anormalidades estructurales cardiacas. Estadio B: enfermedad cardiaca estructural sin síntomas. Estadio C: enfermedad cardiaca estructural con síntomas pasados o actuales de falla cardiaca. Estadio D: falla cardiaca avanzada que requiere intervenciones especializadas.
- El tratamiento deberá enfocarse en medidas generales, como restricción de sodio (< 2-3 g/día), monitoreo y manejo del peso corporal, así como actividad física moderada adaptada a la capacidad del paciente.
- La farmacoterapia avalada por los diferentes ensayos clínicos para HFrEF, HFpEF o HfmrEF:
- Control estricto de comorbilidades, como hipertensión, diabetes, fibrilación auricular, dislipidemias, apnea del sueño y anemia.
- El uso de dispositivos y terapias avanzadas:
- Seguimiento y educación del paciente con un monitoreo regular, evaluaciones clínicas periódicas para ajustar el tratamiento, monitoreo de la función renal y electrolitos, así como ecocardiogramas repetidos según la evolución clínica. La educación del paciente permite remarcar la importancia de la adherencia al tratamiento, el reconocimiento de signos y síntomas de descompensación y la promoción de la rehabilitación física, ya que es una parte esencial para mejorar la capacidad funcional, la calidad de vida, la reducción de los síntomas, mejorar la salud mental y contribuir a la concientización para la autogestión de la enfermedad, lo que mejora los resultados clínicos y reduce la alta mortalidad de esta entidad.
Conflicto de intereses
Los autores recibieron un grant irrestricto por parte de AstraZeneca para apoyar la realización de esta investigación. AstraZeneca no participó en el diseño del documento, la recolección de los datos, el análisis, la interpretación de los resultados, la redacción del manuscrito ni la decisión de publicar.
Referencias
Explorar
Artículos
Volúmenes
Sobre la revista
Más leídos
Revista Costarricense de Cardiología
Consenso costarricense para el manejo integral de la diabetes mellitus, abordaje metabólico cardiorrenal
Revista Costarricense de Cardiología
Revista Costarricense de Cardiología
¿Cuál es la realidad centroamericana y del Caribe en torno a la cardiopatía isquémica?
Revista Costarricense de Cardiología
Revista Costarricense de Cardiología